Anoche con el equipo de DogFam fuimos al cine a ver el estreno de la peli “The heart of the beast”, que cuenta la historia del sargento retirado James Belmont (Brad Pitt) y Odin (Uber). Es una magnífica representación del vínculo que se puede generar entre ambas especies, y cómo la educación en la vida real que recibió el protagonista principal –sí, el perro— hizo que en la película todo fuera más natural, pues el ovejero alemán mostraba claramente lo que llevaba en su corazón y su cerebro. Creo que quien más tuvo que aprender en este caso fue el actor humano, a quien Uber logró “entrenar” para que el vínculo fuera disfrutable dentro y fuera del set. Viendo este filme, muchos tutores podrán entender y aprender cuán diferentes e iguales somos (ambos tienen estrés postraumático), cuánto compartimos pese a todo, y el tipo de amor incomparable que nos puede llegar a unir. Por eso, cuando tu perro haga “travesuras”, se porte “mal”, o no “obedezca”, te pedimos que pienses que estás ante un ser especial, que si bien elegiste llevarlo a tu casa porque es diferente, bonito y tantas otras razones, hay que tener en cuenta que cuando actúa de tal o cual forma está siendo lo que es y debe ser siempre: un perro. Claro, para convivir en armonía y poder interactuar sanamente en una familia multiespecie, es necesario educarlo. Pues bien, educar a un perro incluye trabajo, aprendizaje, empatía, dedicación, tiempo. Hay que ponerse en su lugar, en la situación en que se encuentra física y emocionalmente, el entorno en el que vive, qué cosas aprendió sin que se las enseñaran, qué cosas efectivamente le enseñaron. Cómo es su rutina, cómo vive cada día, con qué grado de estrés. Sí, se que suena difícil. Lo es, pero cuando se comprende resulta sencillo y muy beneficioso para todos. Porque el tutor necesita entender que el perro es un ser individual con deseos, necesidades y problemas a resolver. Por eso no decimos “dueño”, sino tutor. Porque somos guías de un ser vivo autónomo y que puede tomar decisiones, por lo que desde nuestro lugar debemos estar dispuestos a ser justos, consistentes y pacientes, sin usar aversivos o miedo para lograr cambios. Para ello, lo más importante es tomarse el tiempo para observar y entender su lenguaje corporal, aprender sus formas de comunicarse, que no son las mismas que las nuestras. Y te cuento un secreto: a quienes te dicen que “sólo le falta hablar”, contestales que no lo necesita, porque vos lo escuchás con tus ojos. Y eso es, simplemente, ¡maravilloso! Pierinna Tenchio - Entrenadora Acreditada IAABC-ADT